El bueno de Juan sentía que había cumplido con su misión. Sin lugar a dudas, había sabido hacer lo encomendado: narraba con entusiasmo, describía acontecimientos milagrosos y, hasta sonreía con ojos resplandecientes, si la ocasión lo requería. Por ello era el favorito de los 12. No obstante, al cabo de tantos años derrochando vocación, a Juan le aturdía solamente una pregunta ¿acaso no se requería creer, para poder predicar la palabra del Señor?
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
ABSURDA SENSATEZ
Cuando las navidades se acercan, pareciera como que el mundo se dividiese en dos. Sin motivo aparente, las personas adultas deciden tomar p...
-
Me resulta fascinante observar a un niño mientras juega. Y, me refiero concretamente al acto de jugar, basándome en la absoluta creencia...
-
Cuando algo se rompe, se rompe y punto, no queda mucho más. Intentar arreglarlo es imposible. Un objeto pegado, un sentimiento olvidado o ...
-
Resulta algo frustrante, pero con el tiempo, te vas dando cuenta de que, ni las navidades son tan familiares, blancas y abundantes, ni ...